Solía ser una persona muy empática que podía sentirlo todo, extremadamente sensible, pero sin sentido de identidad, sin discernimiento, sin límites, sin claridad y con demasiada culpa y vergüenza.
Y esa era la receta perfecta para el dolor, el sufrimiento y las relaciones tóxicas.
Hasta que entendí …
El problema de ser tan empática sin sentido de identidad es que crea caos y se siente atraída por depredadores, personas narcisistas que pueden percibir esta falta de amor propio.
Hoy, Puedo decir mi verdad y ver claramente los patrones, los guiones, los obstáculos, las dinámicas, el porqué y el cómo en este océano de la vida.
El único propósito de una persona empática al conocer a una persona narcisista es aprender a decir NO, aprender a tener sentido de identidad, descubrir su verdadera identidad.
La paradoja es que, una vez que reconstruimos este sentido de identidad, también necesitamos disolvernos en algún momento en un camino espiritual.
Y esto es crucial; sin eso, eludiremos nuestras heridas y más caos llegará a nuestras vidas. Para encontrar en nosotros este verdadero ser, nuestra verdadera identidad, necesitamos confrontar nuestros recuerdos y patrones dolorosos. Y ser capaces de transformarlos en sabiduría.
Para que podamos volver a ser completos y uno con todo.
Necesitamos nutrir la semilla de la compasión, el perdón, el amor y la gracia, y usar esta vida para encarnar las virtudes angelicales y compartirlas con los demás.

¿Qué semillas quieres nutrir el próximo año?
¿Qué patrones quieres dejar ir?
Al hacer esto, podemos tener la capacidad emocional para afrontar problemas y dilemas con facilidad y fe.
Y aceptar la realidad tal como es y seguir sanando nuestra alma de recuerdos dolorosos y karma.
Se dice que las mujeres padecen el 80 % de las enfermedades autoinmunes en esta sociedad, como explica Gabor Mate.
¿Por qué? Explica que las mujeres trabajan para el mundo, y no para su verdadero ser.
Son cuidadoras, pacificadoras.
Se identifican con el deber y la responsabilidad, y reprimen la ira sana. Tienden a sentirse responsables de los demás.
“Nunca me enojo”, dice un personaje de Woody Allen en una de sus películas, “en cambio, me crece un tumor”. Ese comentario irónico encierra mucha más verdad científica de la que muchos médicos reconocerían.
A pesar de todos sus triunfos y avances técnicos, la medicina occidental convencional desestima de forma radical el papel de las emociones en el funcionamiento fisiológico del organismo humano. Su rechazo de la unidad mente-cuerpo es un ejemplo clásico de negación.
Mi invitación hoy para ti es que reflexiones en que áreas de tu vida sientes que no estas expresando tus emociones.
Toma un momento hoy para revistar tu día y buscar escenarios donde tus enojos e ira han quedado guardados.
Y date permiso para expresarlos, ya sea escribiendo o moviendo tu cuerpo con música para liberar aquello que quedo atrapado.
Permítete ser plenamente!
Te lo mereces!
Con amor,
Gabriela